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Concurso de Ortografia

 

Doce palabras ‘raras’ para ampliar tu vocabulario

Con 495 millones de personas que lo hablan, el español ya es el segundo idioma más importante del mundo. Es una lengua tan diversa y cambiante como cada uno de los países en los que se establece como idioma oficial, y por ello calcular el número total de palabras que tiene es prácticamente imposible. Los términos que nos inventamos diariamente, los regionalismos, los extranjerismos, los vocablos específicos de ciertos grupos sociales, las “malas palabras”, las acepciones, entre muchas más, hacen que la tarea de calcular sea sumamente complicada.

Sin embargo, la última edición del Diccionario de la Real Academia Española (RAE) nos da ciertas luces, al registrar 87.000 palabras, aunque según opiniones de expertos en la materia de este importante ente, nuestro léxico cotidiano se limita en promedio a 500 palabras e incluso menos, según el nivel educativo.

Por estas razones, elaboramos una lista basada en algunas recomendaciones de la Fundación del Español Urgente Fundeú BBVA, que mencionan ciertas palabras’ raras’ o poco usadas en nuestro diario vivir, y la aclaración de otras que a veces usamos pero de forma incorrecta. La idea es ampliar nuestro vocabulario y darle rienda suelta a nuestras ideas:

1. Contrición: indica ‘arrepentimiento’, y su adjetivo correspondiente es contrito. Sin embargo, a menudo se puede ver en los medios, probablemente por su cercanía a la palabra constricción, la forma inadecuada contricción: «En el partido que debía servir como acto de contricción del equipo por la mala temporada…», «No se ha visto ningún acto de contricción de parte de todos aquellos dirigentes». Tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas, lo adecuado es escribir este término con una c, de modo que en los ejemplos anteriores lo propio habría sido decir acto de contrición.

. Statu quo: expresión latina para referirse al estado de un asunto o cuestión en un momento determinado. Como indica el Diccionario panhispánico de dudas, es invariable en plural (los statu quo). Frases como «Algunos analistas piensan que la capacidad de influencia china sobre Pionyang es limitada y que tampoco tiene mucho interés en modificar el status quo en la península», usan la expresión de forma incorrecta; lo apropiado habría sido emplear la forma statu quo. Además, como el resto de las locuciones latinas, lo adecuado es escribirla en cursiva o, si no se puede usar este tipo de letra, entre comillas.

3. Preferentista: persona que suscribe participaciones preferentes de determinadas entidades bancarias. El término está formado por la palabra preferente y el sufijo -ista y sigue el paradigma de otros como accionista o rentista. Su utilización es adecuada en frases como «Los preferentistas pueden solicitar arbitraje hasta el 30 de junio». No es preciso destacarla con cursivas ni comillas.

4. Desistimiento: acción y efecto de desistir de una empresa o proyecto. Es frecuente encontrar en las noticias la forma desestimiento, pero en el Diccionario panhispánico de dudas se señala como incorrecta. Esa palabra puede proceder de una confusión entre desistimiento, que es el sustantivo correspondiente al verbo desistir, y desestimación, que es ‘la acción y efecto de desestimar’ (‘denegar, desechar’). Así, en frases como «Frente al terrorismo ha habido desestimiento de los Gobiernos y los sectores sociales», lo adecuado habría sido escribir desistimiento.

5. Propugnar: significa ‘defender, amparar, apoyar’, y no va seguido de la preposición por, es decir, se propugna algo que se defiende y no se propugna por algo. Sin embargo, no es raro ver en las noticias este verbo seguido de por, como en «La directora propugna por un movimiento global de consumidores, inversionistas y trabajadores para crear un modelo sustentable». En el ejemplo anterior habría sido preferible haber dicho «La directora propugna un movimiento global de consumidores, inversionistas y trabajadores para crear un modelo sustentable».

6. Asolar: con el significado de ‘arrasar o destruir un lugar’, admite dos conjugaciones, una regular y otra irregular (asola y asuela), de acuerdo con el Diccionario panshipánico de dudas.

Es frecuente encontrar discrepancias en los distintos medios de comunicación al conjugar el verbo asolar: «El presidente ha lamentando el incendio que asola parte de la isla de Mallorca». Ello se debe a que la conjugación de asolar, con el sentido de ‘arrasar o destruir un lugar’ tradicionalmente ha sido irregular (yo asuelo, tú asuelas, él asuela y ellos asuelan, pero nosotros asolamos y vosotros asoláis).

Sin embargo, hoy es normal que el verbo asolar con este sentido se conjugue también como regular (yo asolo, tú asolas, él asola y ellos asolan), de modo que el ejemplo anterior es apropiado. Por el contrario, cuando el verbo asolar significa ‘secar’ (de sol), solo tiene la conjugación regular: «El extremo calor asola los campos».

7. Quita: es la reducción de los activos bancarios que las entidades financieras aplican a los suscriptores de determinados productos. En ejemplos como «Todavía se desconoce la quita que se impondrá a los tenedores de esos productos», puede interpretarse que los acreedores, en este caso los depositantes o suscriptores de preferentes, han sido obligados por las autoridades a perdonar a los bancos o cajas parte de la cantidad que estos teóricamente les adeudaban; es decir, se les ha impuesto una quita. No obstante, existen otras palabras y expresiones que pueden emplearse alternativamente en esos casos, como minoración, descuento, recorte, merma o mengua.

8. Gentrificación: es una adaptación adecuada al español del término inglés gentrification, con el que se alude al proceso mediante el cual la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor. Algunos ejemplos de su uso serían «Para los vecinos, más hoteles supondrán un aumento del riesgo de gentrificación» y «Clinton Hill en Nueva York y Clerkenwell en Londres son ejemplos claros de gentrificación».

9. Precariado: sector social que se ve sometido a inestabilidad e incertidumbre laboral prolongadas y que no percibe ingresos o estos son bajos. Engloba un sector social constituido por personas de muy diversa condición y que no pertenecen necesariamente al proletariado, como desempleados, universitarios con salarios mínimos y contratos temporales, nativos o inmigrantes empleados sin contrato, jubilados con pensiones mínimas, jóvenes sin recursos para acceder a una vivienda o parejas sin medios para formar una familia.

10. Comisariar: organizar una exposición o muestra artística o cultural. Es adecuado, y así aparece recogido en el avance de la vigésima tercera edición del Diccionario de la lengua española. Este verbo deriva del sustantivo comisario: ‘persona a quien se le encomienda la organización y dirección de una exposición o de otra actividad cultural o académica de duración determinada’. Por tanto, son apropiadas frases como «Comisariada por la directora del museo, Lourdes Moreno, la exposición tiene como objetivo…».

11. Digresión: ruptura del hilo del discurso con algo vagamente relacionado. En algunos medios se utiliza con frecuencia la forma impropia disgresión: «El libro es la típica disgresión académica en que se trata de demostrar cuántos estudios han leído los autores», «Una pequeña disgresión sobre el consumo eléctrico en la huelga general». En todos estos casos lo adecuado, como señala el Diccionario panhispánico de dudas, habría sido emplear digresión, no disgresión.

12. Eccehomo: se aplica a una imagen de Jesucristo como lo presentó Pilatos al pueblo y se escribe en una palabra, en minúsculas y sin comillas ni cursiva. No es raro ver esta voz escrita de multitud de formas, como: «Más de 160 países han mostrado su interés en la restauración del Ecce Homo» o «La localidad zaragozana donde se encuentra el ‘ecce homo’ no descarta emprender acciones legales». Al igual que otros términos pictóricos que aluden al tema de una obra, como marina, bodegón o naturaleza muerta, la palabra eccehomo se escribe con minúscula y sin resalte tipográfico, como comillas o cursiva, como corresponde a un nombre común español registrado en el Diccionario académico.

4.000 arabismos tenemos en nuestro idioma


Almohada, arroz, alfombra y alberca son palabras comunes en el español, que pocos saben que tienen influencia árabe, como otros vocablos que pronunciamos a diario.

La invasión musulmana que se extendió en la península ibérica desde al año 711 hasta 1609, dejó a nuestro léxico cerca de 4.000 arabismos.

Durante la ocupación, que terminó con la expulsión de los moriscos -descendientes de la población de religión musulmana convertida al cristianismo- generó que en algunos escenarios se impusieran términos jurídicos que no hacían parte de las disposiciones sociales de los cristianos, como las palabras: alcalde, alguacil, albacea y formas comerciales como almacén, almoneda, quilate, arroba y quinta, que usamos en la cotidianidad.

El vocabulario árabe se anidó fuertemente en campos en los que esta cultura hizo un aporte notorio a la cultura española. A continuación algunos de esos aportes en distintos escenarios.

- Agricultura: alcachofa, algodón, azúcar, aceite, albahaca.
- Guerra: alférez, tambor, almirante, arsenal.
- Comercio y manufacturas: aduana, tarifa, arancel, arroba, tarea, alfarero, alcancía, alicates.
- Cocina: alfajor, albóndiga, almíbar, taza.
- Construcción: adoquín, alcázar, alcoba, alcantarilla, azotea, azulejo.
- Matemáticas: cifra, álgebra, algoritmo, guarismo.
- Medicina: nuca, jaqueca, jarabe.

En definitiva, la manera en la que el árabe se incorpora al español, en la mayoría de los casos, es añadiendo al nombre el artículo, al o a, tal como sucede con, por ejemplo, almohada y azúcar. Estas palabras están tan arraigadas a nuestro idioma que difícilmente se podría concebirlo sin alguna de ellas.

No son lo mismo


Es común escuchar, leer y decir algunas palabras con un significado cuando en realidad tienen otro. Esto se debe a que ciertos términos tienen un parecido gramatical o fonético. A propósito de esta falla, la Fundación del Español Urgente (Fundeú) hace aclaraciones de manera constante. Nosotros seleccionamos diez.

1. Positivar y positivizar: Positivar significa ‘obtener el positivo de una imagen fotográfica’ y no es adecuado emplearlo en lugar de positivizar, que es ‘dar carácter positivo’. En algunos casos suele emplearse positivar para indicar que se pretende convertir algo en positivo o verle el lado bueno: “Positivar la crisis europea”, la manera correcta sería: “Positivizar la crisis europea”.

2.Accesible y asequible: se confunden mucho estos términos que tienen diferentes significados, excepto en la acepción ‘fácil de comprender’, en la que los dos son válidos. Asequible significa ‘que se puede conseguir o adquirir’, ‘que tiene un precio moderado’ y ‘fácil de comprender’, mientras que accesible es ‘aquella persona o cosa a la que se puede acceder o llegar sin dificultad’.

3. Permisividad y permisibilidad: Permisividad significa ‘tolerancia excesiva’ o ‘condición de permisivo’ (‘que permite o consiente’), mientras que permisibilidad es la ‘cualidad de permisible’, la ‘posibilidad de ser permitido’, tal como recoge el Diccionario panhispánico de dudas.

4. Adhesión y adherencia: Adhesión es mejor que adherencia para expresar la idea de ‘apoyo’ o ‘participación’. A menudo puede verse en los medios la palabra “adherencia” con el significado de ‘apoyo’ o ‘participación’. “El Gobierno busca disminuir las tasas de abandono del tratamiento con medidas que mejoren la adherencia a este”. Sin embargo, en el Diccionario académico solo “adhesión” se registra con este significado; “adherencia” significa principalmente ‘unión física, pegadura de las cosas’ (como en “neumáticos de gran adherencia”).

5. Violencia y virulencia: El término violento significa ‘que tiene mucha fuerza o intensidad’, mientras que virulento se aplica a las ‘enfermedades malignas e intensas’ así como a los ‘estilos, discursos o escritos que son hirientes, sañudos, ponzoñosos o mordaces en sumo grado’.

No es raro que se emplee virulento y virulencia con los sentidos que tienen violento y violencia, respectivamente: “Los incendios no podrán ser controlados en las próximas 24 horas debido a la virulencia de las llamas”. Según el diccionario Clave, no es adecuado emplear virulento como sinónimo de violento, por lo que se recomienda reemplazarla por esta última palabra.

6. Sinfín y sin fin: Sinfín, escrito en una sola palabra, significa ‘infinidad’, mientras que sin fin, escrito en dos, significa ‘sin número, sin límite’, y por lo tanto no es adecuado emplearlas indistintamente.

“La llegada de las nuevas tecnologías como las pantallas digitales ha abierto un sinfín de posibilidades para alumnos y profesores» y «La crisis apunta a la bancarrota cuando el libre comercio y el crecimiento sin fin quedan al desnudo”.

7. Inhumano y sobrehumano: sobrehumano se usa para referirse a algo que ‘excede las capacidades o cualidades humanas’, mientras que inhumano significa ‘falto de humanidad’, según recoge el Diccionario de la lengua española de la RAE.

En noticias sobre competiciones deportivas es común encontrar el término inhumano para señalar que algo ha excedido a lo humano. Por ejemplo: «El esfuerzo inhumano realizado por este ciclista no ha pasado inadvertido para nadie». Lo adecuado es: «El esfuerzo sobrehumano realizado por este ciclista no ha pasado inadvertido para nadie».

8. Tramitomanía y tramitología: La Fundéu recuerda que, según el Diccionario de la lengua española, el ‘exceso de trámites’ se llama tramitomanía, mientras que tramitología es ‘el arte de resolver trámites’.

9. Cancerígeno y canceroso: El adjetivo cancerígeno indica que algo produce o favorece el cáncer, mientras que canceroso se refiere a lo perteneciente o relativo a esa enfermedad, y por lo tanto no es apropiado usarlos indistintamente. “Cristina Fernández recibió el alta médica tras determinarse que no había presencia de células cancerígenas”. La manera correcta sería: “Cristina Fernández recibió el alta médica tras determinarse que no había presencia de células cancerosas”.

10. Mortandad y mortalidad: Mortandad no debe confundirse con mortalidad, ya que describen realidades diferentes. La mortandad debe usarse para referirse a ‘una gran cantidad de muertes causadas por una epidemia, cataclismo, peste o guerra’, mientras que mortalidad es el término apropiado para hablar de la tasa de muertes de una población durante un tiempo dado.


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